LA MALORA

Esa mañana Rosa de 17 años se despertó más temprano que de costumbre, a la hora que los pájaros cantan celebrando el nuevo amanecer, decidió levantarse y ayudar a su mamá con los quehaceres de la casa. Le ayudo con el desayuno, a barrer, a sacar el ganado del corral y alimentar las gallinas, después de los apuros de la mañana siguió con las actividades de su día a día.
Después de almorzar, como a eso de las 2 de la tarde decidió salir a dar una vuelta y buscar a su perro sacarías que estaba perdido desde el día anterior, por lo cual, empezó a preocuparse. Sacarías era un pastor alemán que había estado en la familia por más de 10 años, ya era viejo y a veces le daba por quedarse dormido en el sembradío, su pelo era negro y suave, sus ojos cafés y tiernos, y ese amor incondicional y desinteresado que dan todas las mascotas a sus amos era lo que hacía de sacarías un perro especial para la familia.
Rosa se tardó demasiado buscando a su perro, hasta que por fin lo pudo encontrar dormido bajo de una choza. Entonces, recordó que debía ir por agua al pozo que le había encargado su mamá, miro hacia el cielo y se dio cuenta que la tarde empezaba a caer. Inmediatamente recordó que su madre le había dicho que era peligroso ir en horas de la tarde por allá, porque es bien sabido por los abuelos que los riachuelos y pozos están llenos de espantos y todo tipo de seres espeluznantes del otro mundo. Pero decidió ir para no hacer enojar a su mama.
Se dirigió con toda prisa a su casa, atravesó el patio para entrar a la cocina y tomo un cántaro para poder cargar el agua, salió a pasos ligeros y se apresuró a tomar el camino que conducía al pozo de donde se llevaba el agua. Se adentró en el sendero que se veía lodoso y sucio, debido a que la noche anterior había caído un torrencial aguacero que daño todos los caminos y aumento el caudal de los ríos y riachuelos. Al caminar por el lodoso camino pensaba en lo sucia que estaría el agua del pozo por el ajetreo de la lluvia de la noche anterior.
Cuando pudo divisar el pozo por un claro en el camino desde lo lejos, se extrañó porque le pareció ver una mujer lavando ropa, pero cuando quiso asegurase de quien era observando bien no había nadie, pensó que eran imaginaciones suyas y fijo sus ojos de nuevo en el camino para ver donde pisaba y no resbalarse. Cuando salió de los arbustos y estuvo cerca al pozo, diviso que justamente a un lado de este se encontraba una mujer de aspecto desconocido, vestida con ropas desgastadas de color opaco y sin vida. Rosa solo pudo verla de espaldas y por eso no pudo reconocerla, pero a pesar de eso la saludo amablemente, pero la mujer no se inmuto y no respondió el saludo, así que Rosa simplemente la ignoro y por un lado de la anciana lleno su cántaro y sin más demora lo cargo al hombro para poder regresar rápido a su casa
El camino se hacía difícil con el cántaro lleno de agua, sus zapatos se resbalaban como si no tuvieran agarre, se trastrabillaba de un lado a otro tratando de evitar que el cántaro se cayera. Pero el agua se derramaba y bajaba fría por su espalda, y el viento helado de la fría noche que empezaba la hacía temblar. Después de salir del horrible camino, y acercarse a su casa sintió una sanción de miedo y un no sé qué, que no pudo entender, cuando llego a la cocina se encontró con su madre a quien le conto de lo ocurrido en el pozo.
Su madre se sintió intranquila al escuchar la historia y luego le pregunto sobre la hora a la cual se encontró a la mujer, Rosa de respondió que eran como esa de las seis treinta de la tarde, entonces su madre quiso contar una historia que era muy común entre los de la comunidad, y empezó así “una mujer que está lavando, algunos dicen que es un espirito que se aparece en los lugares donde hay agua y en las horas en que empieza a anochecer, para asustar y en ocasiones hasta llega a matar a los que pasan por esos sitios y que le llaman “la malora””.
A la tarde del siguiente día como a la misma hora a la que vio a la anciana en el pozo, Rosa salió a la esquina de la casa a regar las flores de colegial, de repente escucho un ruido y sintió como si alguien la llamara, su corazón se intranquilizo y sintió un escalofrió recorriendo su cuerpo, cuando volteo su mirada volvió a ver a la señora del día anterior tras unos árboles aunque no pudo distinguir su rostro una vez más, entro a la cocina y se lo contó a su mamá, horas después y sin motivo alguno sintió un terrible dolor en el estómago que no pudo soportar y al día siguiente murió.
Fin.